La
inconformidad y el odio de los colombianos contra el grupo narcoterrorista de
las Farc crece cada día más con cada acción violenta que ejecutan contra la población
civil y/o desprevenidos agentes de la fuerza pública.
Los
ataques de este grupo delincuencial han escalado en frecuencia, fuerza y
sevicia en una orgia de odio, muerte y destrucción sin precedentes en el mundo
y solo comparables al holocausto, durante la segunda guerra mundial. Este grupo
criminal ha dinamitado escuelas, con y sin estudiantes en su interior,
infraestructura petrolera, de gas y energía, secuestrado policías, militares y población
civil, asesinado pobladores de todas las edades y sexos, incluyendo mujeres y
niños.
Esta
agrupación, que lucha por el control de corredores estratégicos para el tráfico
de armas, estupefacientes y material de intendencia, la noche del 11 de Febrero,
usaron un incendio como trampa para atacar a la población y a los policías que
se acercaron a ayudar con la conflagración. En ese ataque, murieron 3 agentes
de la fuerza pública y una mujer en estado de embarazo, en un frenesí de sangre
y carne carbonizada; quedando demostrado, una vez más, que el compromiso de
esta organización terrorista es con el mal, la muerte y la destrucción. Y al
mismo tiempo enseñando, al mundo, una gran creatividad para el terror.
Hace
mucho que los delincuentes descubrieron que con el terror se puede doblegar a
gobiernos débiles y es justamente lo que, este grupo narcoterrorista, busca con
este tipo de acciones. Al mismo tiempo que negocia en La Habana, Cuba, su
impunidad.
El
actual gobierno de Juan Manuel Santos, quién llegara al poder bajo el ala de su
antecesor, Álvaro Uribe Vélez, con 9 millones de votos prestados, decidió
traicionar a su mentor, su electorado y a la seguridad democrática -política
del gobierno Uribe que apabullo y devolvió cierto nivel de seguridad y
tranquilidad a la población civil- creando un marco jurídico laxo y condiciones
para que estos facinerosos regresaran a la vida civil con impunidad, con un
camino expedito hacia el congreso de la república y probablemente, hacia las
fuerzas armadas de Colombia. Este engendro jurídico y adefesio moral solo se le
puede ocurrir a mentes tan políticamente débiles como inmorales y llenas de
ambiciones personales.
Aunque
el pueblo colombiano en su conjunto desaprueba los diálogos con estos
facinerosos o la impunidad implícita en ellos, y me incluyo, sí le daremos a Santos
el beneficio de la duda y la posibilidad que concurse por su añorado premio
nobel de paz; exigiendo las siguientes condiciones a las Farc como prerrequisito
para continuar con las conversaciones:
1-
Cese unilateral y definitivo de acciones contra la población civil o fuerza pública
fuera de un combate regular y de fuerzas equivalentes.
2-
Desmonte total y definitivo del secuestro y la extorsión de cualquier índole,
junto con la liberación inmediata y sin demora de todos los secuestrados, sin espectáculos
de entregas ni medios. Libérenlos como los raptaron.
3-
No intervención en los asuntos y políticas de estado.
4-
Entrega incondicional y sometimiento a la justicia penal de todos los dirigentes
de ese grupo narcoterrorista para ser juzgados bajo las leyes vigentes y solo
con derecho a los beneficios establecidos; como confesión, delación y demás. Sin
tratamientos especiales, ni garantías más allá de lo que otro delincuente
tuviese derecho.
5-
Entrega de todas las armas, equipo militar, explosivos y dineros obtenidos
ilegalmente junto con el pago de multas y otras sanciones pecuniarias que entrarían
a formar parte de un fondo para reparación de victimas y apoyo logístico, técnico
y de financiación para los campesinos que tanto han perdido con el accionar de
estos delincuentes.
Como
contraprestación tendrán la oportunidad de pagar por sus crímenes, reivindicarse
con la sociedad que tanto han dañado y evitar un final como el de sus
camaradas, Raúl Reyes, Mono Jojoy, Alfonso Cano o Simón Trinidad.
También
podrán mostrarle al mundo que su arrepentimiento es real. Solo así, podrán ser
beneficiarios del perdón de sus compatriotas y vivir en paz y con dignidad, no
como parias.
Créame,
Sr. Presidente, que estos facinerosos saben que esta es su última oportunidad
de salir con vida de su carrera delincuencial y no la van a desaprovechar.
Muestre su temple y liderazgo, pues si las Farc no se entregan con usted, el
futuro que les espera no es nada alentador.
En
el evento que alguno de los candidatos del Centro Democrático llegue al poder,
no habrá tregua en la persecución de estos bandidos. Si, por citar un ejemplo,
el Dr. Carlos Holmes Trujillo García llegarse a la silla presidencial para el
2014 no escatimaría esfuerzos en capturar y someter a estos facinerosos,
mientras que usaría sus amplias relaciones diplomáticas para mostrar al mundo
la verdadera cara de las Farc, solicitando apoyo de la comunidad internacional
para combatirlos y vencerlos. Eso sin contar con su avanzada económico-social
en salud, educación, seguridad, inversión y política exterior para dejar sin
piso cualquier argumento en contra de las bondades del gobierno nacional ante
propios y foráneos.
Ya
en el pasado se ha permitido la impunidad a delincuentes y su acceso expedito
al congreso, y otras posiciones, con muy malos resultados. Una izquierda
inmoral, que roba, prevarica y con los mismos vicios de los viejos caciques electoreros
a quienes ellos mismos criticaban y pregonaban combatir; mientras públicamente
y sin vergüenza alguna, apoyan a cuanto grupo de facinerosos, secuestradores, extorsionistas
y enemigos de la patria se asoman por el panorama nacional. Protagonistas de escándalos
de corrupción, desfalcos al erario e ineptitudes crasas, solo demuestran que sus
habilidades solo existen para el terror, la muerte y la destrucción.
Mientras
este gobierno sigue con su terca idea de amnistiar criminales, el pueblo
colombiano esta hastiado de tanta sevicia, indolencia y cinismo de las Farc y
el ELN; clama justicia, que estos criminales sean castigados por los delitos
cometidos y no premiados con curules en el congreso, alcaldías, gobernaciones y
millonarios presupuestos para que puedan seguir explotando, despreciando y burlándose
de la población civil.
Da
dolor de patria ver como el criminal Iván Márquez y compañía salen en televisión
con esa sonrisa burlona en los labios mientras mienten descaradamente y exigen
lo que ni ellos mismos darían, si las cosas fueran al contrario.
Hoy
el pueblo colombiano clama al unísono: no más muerte, no más impunidad,
castigos ejemplares para los responsables de esta orgía de sangre inocente, NO
MAS FARC!
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