martes, 26 de marzo de 2013

ESTRATEGIAS


Para nadie es un secreto que el principal objetivo de las Farc es y será tomarse a Colombia ya sea por la fuerza, negociación, por pedazos o de cualquier otra forma. Como tampoco es un secreto que las Farc, hasta la fecha, ha sido incapaz de lograr ese objetivo y muy por el contrario, estuvieron a punto de desaparecer durante los dos periodos presidenciales de Álvaro Uribe Vélez.

El ex presidente Uribe no solo obtuvo grandes avances en cobertura de salud y educación, sino que recuperó en gran medida la seguridad, disminuyó la criminalidad y permitió que sectores altamente golpeados por los violentos como el agropecuario, entre otros, volvieran a producir y regresaran a trabajar. Dejando a su vez, al narcoterrorismo diezmado, disperso, incomunicado entre sí y a punto de rendirse por miedo a un violento final.

En ese momento histórico, nadie daba un peso por los narcoterroristas y todo el país estaba seguro que no sobrevivirían el gobierno del ahora presidente Juan Manuel Santos, quien se eligiera con las banderas de Uribe y con el mandato de más de nueve millones de colombianos para terminar la tarea empezada por su ex presidente ocho años atrás.

Pero Ohh! Sorpresa... El señor Santos, unilateralmente, decide apartarse de la política que lo llevó al poder y girar abruptamente hacia la izquierda, dejando incrédulos a unos y estupefactos a otros, ante tamaña osadía.

Y es aquí donde se empiezan a barajar las cartas:

-En Cuba, los Castro. Al mando de un país en ruinas debido a su obsoleto sistema político-económico y una dictadura de medio siglo que no solo reparte miseria y sufrimiento entre sus pobladores, sino que lleva años tratando de esparcir, o esparciendo, miseria, muerte, destrucción y odio por toda América Latina.
-En Venezuela, Hugo Chávez, hoy difunto. Quien se dedicó a restringir las libertades de su pueblo y a base de represión y populismo, torció el porvenir de su país logrando lo impensable; que un país inmensamente rico en reservas naturales viviera como cualquier otro país pobre del tercer mundo.
-En Colombia, Juan Manuel Santos. Hombre astuto para unos e inepto para otros, quien tratara infructuosamente por décadas llegar a la presidencia de Colombia. Lográndolo, solo, con banderas prestadas y traicionadas al final.

Por otro lado tenemos a las Farc, un grupo de facinerosos, reconocidos mundialmente como narcoterroristas y con las mismas ambiciones del presidente Santos, llegar al poder a cualquier precio.

Al inicio del gobierno Santos empezaron los acercamientos entre éste y Chávez, quienes terminan declarándose mutua amistad mientras suponemos que dicha amistad surge de profundas coincidencias y acuerdos beneficiosos para las partes. Solo así, se pueden explicar todos los sucesos posteriores a dicha declaratoria de amistad.

Inmediatamente después de que Chávez se convirtiera en el nuevo mejor amigo de Santos, el Presidente venezolano empieza una campaña de promoción para que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia(Farc), grupo narcoterrorista, sean eliminadas de las listas de grupos terroristas de los países del mundo y para que entren en un proceso de negociaciones con el gobierno colombiano a fin de entregar las armas e insertarse a la legalidad. 

Luego de muchos ires y venires, el gobierno colombiano y las Farc se sientan a negociar una supuesta paz en La Habana, Cuba, de los Castro. Desde donde una banda delincuencial dispersa, con su dirigencia replegada en países alcahuetes por miedo a caer ante la fortaleza del estado, comienza a reorganizarse, fortalecerse y a retar al estado una vez más.

Mientras que, Santos, antes de contener los bríos de estos criminales, los justifica o ignora. Y nos preguntamos, ¿Por qué? La respuesta es muy simple, el señor Santos tiene una agenda, no la agenda de la mesa; una propia, que ve los eventos de la mesa como coyunturas, pequeños escollos que ayudan, entorpecen o facilitan su objetivo final. ¿Cuál será?

Pero las Farc también tiene su objetivo claro, lo ha tenido por años y no va a desaprovechar la oportunidad de conseguirlo de una u otra manera. Colombia entera como un estado esclavizado a sus deseos, un narco-estado que les permita retar al orden mundial y obtener un pedazo aún mayor de un negocio de 320.000 millones de dólares, el narcotráfico.

Recordemos que el narcoterrorismo ya se dió cuenta que por la vía de las armas jamás llegaría al poder y que si se entregan, deberán pagar por los delitos cometidos y jamás verán cumplidos sus deseos. Es por eso que se idearon esa mezcla de diplomacia y violencia, de crimen y arrepentimiento, de declaraciones, acciones violentas y reversazos inesperados. Solo están ganado tiempo, fortaleciéndose, reagrupándose, acumulando dinero producto del narcotráfico y otros delitos por si el plan de La Habana fracasa. Pero, ¿Cual es el plan de La Habana?

Al principio no estaba claro, todos pensábamos en la rendición de los facinerosos y un proceso similar al de los paramilitares, quienes simplemente entregaron sus armas y se pusieron a disposición de la justicia para pagar por sus delitos y reparar a las víctimas. Pero no, no será tan fácil como eso.

Las Farc quieren impunidad, quieren riqueza y libertad para disfrutarla. Quieren tener la opción de continuar con su objetivo principal, ¿Lo recuerdan? Quieren su narco-estado solvente para comprar armas de destrucción masiva y retar el orden mundial. Rendirlo ante sus deseos en compañía y con la ayuda de los Castro, ahora gobernando Venezuela y con acceso a los grandes recursos naturales del vecino país, con la ayuda de Irán y demás miembros del eje del mal.

Ese es el objetivo que compartía Chávez y que siempre ha soñado la Cuba de los Castro. Es el objetivo de la fuerza sobre la razón. Del bien sobre el mal. De la esclavitud sobre la libertad.

Es por eso que las Farc piden impunidad, desmembramiento de las fuerzas militares, de policía y territorios autónomos. Para luego lanzar un ataque total y violento contra el resto de Colombia y finalmente controlar todo el territorio nacional al final de una guerra civil desigual y planificada por décadas.

No, pero no se preocupen, mis apreciados lectores, no creo que Santos esté en esa sintonía, por lo menos no conscientemente. o ¿Sí?

Yo creo que su objetivo varía un poco, probablemente Santos espera poder maniobrar lo suficiente para reinsertar a las Farc, llevarlas a hacer política a su lado y perpetuarse en el poder bajo una base de izquierda, como Correa en Ecuador, Evo en Bolivia u Ortega en Nicaragua. Y de paso ganarse el novel.

Y así como sus homólogos, recibir migajas de la riqueza venezolana, pero esta vez de manos de Castro, no de Chávez.

Cuidado mi amigo, las Farc son extremadamente disciplinados y tercos, no quieren jefes, ni migajas, ellos quieren todo y cuando ellos lleguen al poder los primeros fusilados van a ser tú y tu familia. Piénsalo!

viernes, 22 de marzo de 2013

Acuerdos de paz, el triunfo del crimen.



Todos los días vemos y escuchamos nuevas noticias sobre los avances en las conversaciones que se llevan a cabo en La Habana, Cuba, entre funcionarios del gobierno del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos y el reconocido grupo narcoterrorista de las Farc. A pesar que el gobierno Santos defiende estas conversaciones, las define como la salida a un conflicto de más de cinco décadas y las presenta como la añorada paz de Colombia; las informaciones que se filtran y los rumores que circulan, parecen indicar todo lo contrario.

Al parecer las Farc, grupo reconocido como terrorista por al menos 33 países del mundo, estaría aspirando a participar en política en el democrático país de Colombia. Nación que por años ha venido construyendo una estabilidad política, social y económica a pesar de los muchos problemas que enfrenta, debido al accionar de grupos insurgentes, narcotraficantes e "híbridos" que posan como insurgentes mientras usan el secuestro extorsivo, las extorsiones, el narcotráfico y otros crímenes para acumular dinero, tierras y ahora poder político. De concretarse la aspiración de las Farc, pronto veríamos a un narcotraficante de alcalde o gobernador, a un terrorista en el congreso y a un secuestrador y corruptor de niños impartiendo justicia familiar. Como diría Platón, democracia perfecta; representación de la sociedad completa dentro del estado, hasta de los criminales.

Un panorama donde narcoterroristas integren el congreso y ocupen otros cargos importantes dentro del estado no solo es moralmente inaceptable, jurídicamente violatorio y un muy mal ejemplo; sino también, extremamente peligroso para el futuro, la estabilidad y la integridad de nuestro país.

Es absurdo amarrar la supuesta paz de Colombia al triunfo del crimen, el terror y el narcotráfico sobre el estado de derecho. No podemos permitir que se rinda la decencia y la justicia ante el mal, la corrupción, la muerte y la desesperanza. No podemos creer en el cuento de los violentos, donde ellos son los dueños de la paz y la tranquilidad del pueblo y solo la liberarían a nosotros si se les permite accionar libremente y delinquir a sus anchas. ¿Qué clase de país sería Colombia gobernado por narcoterroristas que secuestran y corrompen niños para que los ayuden en sus campañas criminales? ¿Qué clase de país sería Colombia si las leyes fuesen hechas por criminales, autores de crímenes de lesa humanidad, quienes planearon y ejecutaron masacres como la de Bojayá o el genocidio de la tribu indígena "AWA"? ¿Acaso queremos ser gobernados por criminales con prontuarios más extensos que los de miembros del cartel de "Medellín", "Cali" o "Norte del Valle"? ¿Qué hay en la cabeza de los gobernantes que permiten propuestas tan descabelladas?

Pues permítanme recordarles, que la paz y la tranquilidad de nuestro pueblo reside en nosotros mismos, que perseguir el crimen en todas sus formas y a sus autores es una responsabilidad ineludible del estado y que la incapacidad del funcionario no exime al estado de cumplir con su deber. La paz debe emanar del correcto ejercicio de la ley y la justicia, no del prevaricato de la misma; como nos pretenden hacer creer Santos y su séquito de ineptos.

Las Farc, a quienes Michael Braun, jefe de operaciones de inteligencia de la DEA, reconoce como el cartel del nacotráfico más grande del planeta y el grupo terrorista "híbrido" con mayor potencial de crecimiento, solo comparable con Al-Qaeda y el Talibán, quienes además de traficar con drogas ilícitas e impartir terror, participan en otras actividades criminales como el lavado de dinero, la venta de armas y los secuestros extorsivos, entre otros crímenes, pretenden legalizar, bajo el marco de las mal llamadas negociaciones para finalizar el conflicto en Colombia, más de 16 millones de hectáreas y que estas sean reconocidas como entes territoriales independientes; es decir, una especie de estado dentro del estado colombiano. Lo que los narcoterroristas no pudieron conseguir en más de 50 años de crimen, matando, secuestrando, aterrorizando y traficando con drogas ilícitas, pretenden ganarlo de un plumazo en La Habana. Pero lo peor no es lo que ellos piden, sino que el gobierno de Juan Manuel Santos esté dispuesto a otorgárselos; convirtiéndose así, el gobierno Santos, en el mejor negociador y comandante que haya tenido esta agrupación criminal desde su creación.

De concretarse la propuesta de los 16 millones de hectáreas... ¿Qué uso tendrían? ¿Será que las usarán para sembrarlas de coca y llenarlas de laboratorios para producir cocaína? ¿Qué creen que haría un narcotraficante con 16 millones de hectáreas de tierra? ¿Le preguntamos a Carlos Lehder? ¿Qué opinan ustedes? O peor aún... ¿Será que las usarían como plataforma para atacar al resto de Colombia con mayor fuerza, contundencia y sevicia? ¿Quién se los impediría?

A todas luces, esas conversaciones de paz más parecen unas conversaciones de impunidad, más parecen un ejercicio de lavado de bienes mal habidos y el preámbulo a una escalada de violencia, sin precedentes en Colombia, con el inevitable surgimiento de una verdadera guerra civil; entre las debilitadas fuerzas del estado, después de pasar por las purgas propuestas por las Farc y unas Farc fortalecidas, económica, política y militarmente, gracias a las concesiones del gobierno Santos en La Habana.

En conclusión, les puedo asegurar que antes de lograrse la paz con estas mal llamadas negociaciones, lo que estamos asegurando es el recrudecimiento del conflicto, pues si las Farc no llegan al poder por la vía política, lo buscaran con una guerra total y frontal, aprovechando todas las ventajas, prerrogativas y fortalezas que surjan de los acuerdos que se firmen. De nosotros depende. O levantamos la voz y salimos a la calle a protestar o de nada valdrá quejarse luego.