domingo, 10 de febrero de 2013

Ensayo Sobre Un País Históricamente Mal Manejado


El pasado viernes, se anunció  la devaluación del bolívar de 4.3 a 6.3 bolívares por dólar, lo que se traduce en una caída de 31.75% de la moneda venezolana ante el dólar norteamericano. Aunque esta decisión cambiaria mejora la situación de las finanzas del estado en un año electoral, encuba un mayor costo social. Devaluación en una economía tan dependiente de las importaciones y donde la mayoría de los bienes de consumo que se producen internamente tienen un alto grado de insumos foráneos, recibirá un fuerte impacto en la ya rampante inflación, que aqueja al vecino país. La más alta de la región.
La inflación en Venezuela cerró en 20.1% en el 2012 e inevitablemente se verá presionada al alza por esta medida cambiaria. Es muy posible que esta urgencia por sanear un poco la finanzas, obedezca a la inminencia de las elecciones municipales y a la posibilidad que el presidente Chávez no esté en condiciones de asumir su nuevo mandato y el congreso deba llamar a nuevas elecciones presidenciales; lo que muy seguramente dispararía el gasto, aumentaría el déficit y probablemente la deuda interna.
Venezuela con una deuda pública rondando el 50% y un déficit fiscal de aproximadamente el 16% del PIB es el candidato perfecto para medidas urgentes en el saneamiento de las finanzas públicas; más aún cuando estas medidas reducirían la deuda interna del gobierno central, en dólares, en un 37% y mejoran la posición en bolívares de las exportaciones petroleras que representan el 96% de las divisas que recibe dicho país.
Estos paliativos de corto plazo no corrigen el problema de fondo y solo dan paso a más decisiones erróneas y costos mayores a largo plazo. La economía Venezolana sigue profundamente arraigada y dependiente del petróleo y poco piensa en la diversificación o el desarrollo integral y sostenido de los diferentes sectores productivos. Aunque la devaluación decretada el viernes pasado pudiera beneficiar a exportadores en sectores diferentes al petrolero, estos son muy poco representativos dentro del aparato productivo Venezolano y el apoyo a su crecimiento, casi nulo por parte de las demás políticas de estado.
Venezuela apenas cubre su demanda interna de gasolina y hay rumores sobre la importación de este combustible por, al menos, 33.000 barriles diarios. La OPEP calcula que la demanda interna de gasolina del país sudamericano debería estar alrededor de 400.000 barriles diarios, pero el gobierno solo acepta menos de  300.000 barriles y afirma tener una capacidad de producción de al menos 325.000 barriles diarios para cubrir su demanda interna. El bajo precio de este combustible junto con los subsidios a los demás derivados del petróleo son sin duda el mayor estimulo para la alta demanda y el contrabando hacia los países vecinos. Este y otros problemas se verían resueltos con una simple medida, el desmonte de subsidios y la paridad para precios internos.
La sola venta de gasolina a precio de paridad, inyectaría a la economía Venezolana más de $60.000.000 dólares diarios, aumentando el PIB un 10% aproximadamente, solo por este concepto. Sin contar con los beneficios sociales y saneamiento al déficit que una medida como esta traería consigo.
Si se aplica el 30% de estos ingresos a inversión social (salud, educación, vivienda, etc..), mas de $6500 millones de dólares se invertirían en el bienestar de los venezolanos cada año.
Venezuela es, hoy en día, el país con la mayor reserva de crudo a nivel mundial, inclusive por encima de Arabia Saudita (266mil millones de barriles), con 297mil millones de barriles de crudo. Un país con este tipo de riqueza debería ser algo así como un paraíso tropical para propios y vecinos así como motor de crecimiento para la región. Pero evidentemente dista mucho de ser un paraíso, pero sí con muchos problemas de seguridad, educación, salud y de infraestructura. La corrupción gobierna y la falta de garantías y libertad previenen a una ineficaz oposición de hacer su trabajo como debería ser.
Sería muy triste ver a Venezuela comprando gasolina, para su consumo interno, a $30 dólares por encima de lo que vende el barril de crudo, como lo hace México.

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