Como la mayoría de los colombianos, yo también me
siento ofendido y para nada representado por el artículo publicado por Semana:
"¿Qué hacer con Uribe?". Este articulo no solo está lleno de imprecisiones, malas
representaciones de la realidad, sofismas y hasta faltas a la verdad, sino que hasta pretende presentar al ex-presidente Uribe como enemigo de la paz y el progreso de Colombia, nada más alejado de la verdad.
Por estas razones, entre otras, salté de mi cama
dominical para hacer ciertas aclaraciones y precisiones.
Como colombiano le reconozco al ex-presidente Uribe
muchas cualidades que lo llevaron a ser quizás el presidente y ex-presidente
más admirado, querido y respetado de la historia colombiana. Durante su
gobierno, por primera vez en muchos años, nos sentimos representados,
protegidos y en camino hacia una Colombia mejor.
Con base en eso, los colombianos de bien nos
desbordamos a votar por Juan Manuel Santos con la certeza que, de esa manera, asegurábamos
la continuidad de la "Seguridad Democrática", política de Uribe que
tantos buenos resultados nos había dado.
Vaya sorpresa que nos llevamos, cuando el señor Santos
decidió, unilateralmente, traicionar el mandato que le dimos más de nueve
millones de colombianos, girar hacia la izquierda y hacia el fallido Socialismo
Siglo XXI que hoy, tiene a nuestra hermana república de Venezuela al borde del
colapso.
No es cierto que los más de nueve millones de
colombianos que apoyamos la política de "Seguridad Democrática" en
las urnas pensemos que a Uribe se le está yendo la mano; muy por el contrario,
deseamos con todas nuestras fuerzas ver sus ideales consolidados y retomar el
rumbo que llevábamos antes de Santos.
Respecto a las coordenadas para sacar del país al
reconocido narcotraficante alias "Pablo Catatumbo", por quien el
gobierno de los Estados Unidos ofrece una recompensa de $2.5 millones de
dólares gracias a sus exitosas actividades de narcotráfico hacia Norteamérica y
Europa, estoy seguro que más del 80% de los Colombianos, incluyendo muchos de
sus subalternos y colegas, deseábamos que el vuelo se extendiera por 90 millas náuticas
más, hacia el norte, hasta un aeropuerto en la Florida para ser entregado al gobierno de Estados
Unidos, donde sí saben cómo tratar a los narcoterroristas y genocidas.
El hecho que los militares le copien más a Uribe que
al actual presidente, Santos, es más una prueba fehaciente de la incompetencia
del segundo antes que un deseo de daño del primero.
La realidad de Colombia cambió drásticamente después
de Uribe, antes de Uribe el país parecía abandonado a sus suerte, su clase
dirigente, notoriamente corrupta, entregaba al pueblo como carne de cañón,
vendía el futuro del país al mejor postor y poco, o nada, le importaba el porvenir
de la nación. El citado frente nacional no fue otra cosa que una macabra
sociedad entre politiqueros para robarse el erario sin restricciones y mal hace
"Semana" en siquiera comparar la mediocre gestión de Lleras con el
ejercicio democrático y patriota del ex-presidente Uribe.
Como ya dije, Uribe parte la realidad de Colombia en
dos, antes de Uribe las bandas criminales, Carteles dedicados al tráfico de
drogas, M19, Farc, ELN, Quintín Lame, EPL, etc... se paseaban por el país con
total impunidad, eran reyes y señores y hasta admirados por los seminaristas
del crimen. Bajo esas circunstancias, rogarle a un criminal que dejara de
delinquir era la única salida. Es de allí
de donde se desprenden los más vergonzosos episodios de nuestra historia
reciente. Se le permite a Pablo Escobar construir su propia cárcel, se
indulta al M19 y a otros grupos criminales y se crean asociaciones macabras entre el gobierno y bandidos con el fin de
acabar bandas de delincuentes rivales. Sórdido panorama, ¿Cierto?
Es bajo este estado de desesperación colectiva que Uribe
hace algunas de las afirmaciones que cita "Semana". Las demás, son
bien conocidas por todos nosotros y solo sirven para demostrar la clase de estadista
comprometido que es el ex-presidente Uribe.
Para cualquier neófito de la política y la cosa
pública es claro que la diplomacia es un instrumento fundamental para el buen
desarrollo de un gobierno y que una negociación en los términos correctos ahorra tiempo, dinero, esfuerzos y sobre
todo muchas vidas.
Una negociación bajo términos correctos, por supuesto que se hubiese llevado a
cabo bajo el mandato de Uribe o el actual gobierno con la colaboración no solo
del ex-presidente, sino de todos los colombianos, pero este no es el caso.
La negociación que el actual gobierno adelanta a
espaldas de los colombianos, no solo está mal encaminada sino que empezó mal.
Es obvio, que una negociación con criminales de la
calaña del secretariado de las Farc debió comenzar con claridad sobre penas,
multas, expropiaciones, reparación de victimas y con la certeza que se les
respetaría la vida, como único beneficio para su rendición; si se arrepentían, pedían
perdón al país por todo el daño hecho y pagaban por sus delitos más graves.
Delitos que nada tienen que ver con la rebelión, asonada o insurgencia.
Actos atroces de ferocidad o barbarie, terrorismo,
secuestro, genocidio, homicidio, narcotráfico no son delitos conexos de
rebelión, asonada o insurgencia. Estos crímenes graves no pueden ni deben
formar parte de ningún arreglo o indulto, no solo porque así lo observa la
comunidad internacional, claramente expresada en el estatuto de Roma, sino porque
es inmoral, anti-ético, ilegal y manda un mensaje errado a la humanidad. Todos
tenemos derecho a protestar y tratar de cambiar lo que consideramos que no está
bien, pero dentro de ciertos parámetros que permitan el correcto ejercicio de
este derecho y el derecho de los demás que estén o no de acuerdo.
Cuando "Semana" decide nadar en aguas más
profundas como el tema del paramilitarismo y sus paralelismos con la insurgencia,
no solo encuentro inmoral que se incline a justificar los actos atroces de las
Farc pero a condenar vehementemente los de las AUC, sino que demuestra un total desconocimiento de los principios de causa
y efecto, igualdad, equidad y del debido proceso.
En este punto si debo ser muy cuidadoso en aclarar que
rechazo vehementemente la violencia como medio de hacer política, venga de
donde venga. Y que reconozco que el voluntario sometimiento a la ley y la
justicia es el único camino hacia una sociedad exitosa.
No solo las guerrillas y los paramilitares jamás
debieron existir, sino que son injustificables como generadores de crímenes
atroces y de lesa humanidad. La guerrilla, en su afán de acumular poder rápidamente,
coloca a la población, quien no encuentra protección por parte del estado, en
una situación muy precaria. La población o se defiende o perece.
Bajo estas circunstancias es que se da origen a las
AUC, bajo el legitimo derecho a la autodefensa. Las AUC, que entre otras cosas
son mal llamados paramilitares, pues paramilitar es otra cosa completamente
diferente, ocupa el lugar que debe ocupar el estado para defender a sus
pobladores del accionar criminal y se dedica a combatir a los narcoterroristas
que atacan a la población civil. Como pueden ver las autodefensas son una
consecuencia exclusiva del accionar narcoterrorista de las Farc y demás mafias
de izquierda. Es decir, la otra cara de la misma moneda. ¿Cómo podría entonces
la consecuencia merecer un trato más contundente que la causa? ¿Como podríamos
tratar los síntomas con más vehemencia que a la enfermedad?
No solo es absurdo pretender que las Farc reciban un
trato más benevolente ante la ley que las autodefensas, sino inmoral,
inequitativo, antitético e ilegal. Más por el contrario, las Farc deberían
tener un trato mucho más estricto que el trato de las autodefensas pues las Farc
es la causa del problema. Quienes decidieron atacar a la población con sevicia
desmesurada fueron las Farc pero ésta solo se defendió.
Prueba de lo anterior, es que cuando el gobierno de
Uribe demuestra su capacidad de reacción ante la amenaza narcoterrorista, las
autodefensas unilateralmente y sin tantas exigencias se desmovilizan, sometiéndose
a la ley y aceptando su destino por haber delinquido a pesar que lo hicieran
por defenderse y para conseguir un mejor vivir para todos, desde su punto de
vista. Esa es, a todas luces, una posición política, sin detrimento de la
gravedad de los crímenes cometidos.
Por lo tanto no veo la justificación para un trato
laxo hacia las Farc y demás narcoterroristas. El crimen no distingue y es obligación
del estado perseguirlo en todas sus formas independientemente de sus orígenes.
Por otra parte, un criminal no exime a otro y todos deben pagar por igual.
Totalmente deacuerdo SEMANA SOLO trabaja para este GOBIERNO mentiroso y comunista
ResponderEliminarExceelente! Carlos, te falto, desde mi punto de vista, la inversion social que se realizó en el gobierno de Uribe! Soy un convencido que la guerra (contra la guerrilla y contra la droga) se acaba cuando el pueblo tenga mejores oportunidades, mejor salud, educación, cuidado medico y oportunidades de desarrollo de fuentes de ingreso legales!
ResponderEliminarSi Señor.. completamente de acuerdo; además,los seguidores del Dr Uribe V. nunca hemos creido, ni hemos dicho que él sea una persona perfecta .. imposible, es solo un ser humano, un MUY BUEN SER HUMANO, que se equivoca como todos, Pero con un profundo amor y entrega por un gran País... NUESTRA COLOMBIA.
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