martes, 30 de julio de 2013

¿QUIÉN GARANTIZA LA NO REPETICIÓN?

Es curioso como los defensores de las conversaciones que se llevan a cabo en La Habana, Cuba entre en gobierno del presidente Juan Manuel Santos y la mafia narco-terrorista auto denominada Farc-EP tratan de asimilar un acuerdo para el cese de hostilidades criminales de estos forajidos con la paz de un país que ha vivido en guerra desde su grito de independencia. En Colombia ha habido al menos 10 guerras civiles*, más o menos notorias, además de conatos menores y una violencia que se remonta a 1930 y que ha venido mutando, mimetizándose y evolucionando hasta pasar por muchas caras de criminalidad, oportunismo y hasta fantasías de poder de muchos políticos egocéntricos e indolentes.

A lo largo de esta violenta historia nos encontramos varios denominadores comunes, como si fuéramos incapaces de aprender de nuestros errores. En todas y cada una de estas guerras, guerritas y violencias el objeto es el mismo, la lucha por el poder.

En Colombia nos acostumbramos a hacer una guerra y matar o dejar morir compatriotas para quitar a los dirigentes de turno y montar nuevos. Consideramos más barata la muerte, que el servicio a la nación, el bien común y la aplicación correcta de la justicia.

En cada una de estas guerras siempre se ha perdido, jamás se ha ganado nada. Perdimos vidas, inocencia, progreso, oportunidades y hasta a Panamá junto con su canal interoceánico. En todas y cada una de estas guerras la falta de un estado coherente, de dirigentes comprometidos con la patria; los egoísmos, las patrañas y la ineptitud para cualquier otra cosa que no sea matar compatriotas son más que evidentes.

En todas estas guerras, guerritas y periodos de violencia, se han firmado "acuerdos de paz" bajo la premisa: "Con el acuerdo se terminará la guerra, la paz reinará por fin y viviremos felices para siempre", pero nunca sucede así. La guerra, como el ave Fénix, renace de sus cenizas a los pocos años de la firma del acuerdo para empujar a la población a un escalada de violencia peor que la anterior y esto sucede una y otra vez.

Pero parece que los actores y promotores de las más de diez guerras se cansaron de periodos cortos de paz y en el siglo XX decidieron prolongar la violencia a través de diferentes actores armados que se van sobreponiendo a conveniencia mientras se firman acuerdos con uno y con otro. Ante todo esto, un estado débil, ausente, inepto; dirigido por filipichines sin cerebro, ni dolor de patria.

Hoy vemos a estos mismos hijos filipichines de los filipichines anteriores enfrascarse en discusiones ridículas para ocultar lo evidente y validar con retórica, mediocre además, las razones que les permiten montarse en el siguiente tren del poder. Recordemos que los acuerdos de paz crean una nueva clase privilegiada igual o peor a la anterior, con más vicios, más cruel y más dispuesta a más, para conseguir lo que quieren. Por supuesto, los lagartos habilmente se cambian de vagón con el tren en marcha.

Es en esa ética del lagarto de la clase dirigente colombiana que las cosas han venido de mal en peor, de guerra en guerra, de violencia en violencia, condenando al país al subdesarrollo, al atraso y a la pobreza.

Recordemos como luego de la amnistía ofrecida por Rojas Pinilla a las guerrillas liberales, algunos combatientes conservaron sus armas para luego transformarse en la guerrilla comunista de las autodenominadas Farc-EP y el partido comunista. Es así como se observa un patrón que los violentos de nuestro país han aprendido con juicio y es el de firmar acuerdos de paz para ganar ciertos beneficio y luego volver a la guerra por más. 
Basados en esta experiencia histórica, ¿Quién garantiza que esta vez será diferente? Quién garantiza que las Farc entregaran sus armas cuando ellos mismo han dicho que no lo harán? Quién garantiza que en unos años no estaremos buscando otra amnistía para otro grupo criminal con las mismas armas que hoy se amnistían? 

Pues ¡NADIE!. No se puede garantizar lo que sabemos que no sucederá. Ya una vez amnistiamos al M-19 y otros grupos guerrilleros bajo la misma premisa, "La Paz de Colombia". Con la promesa incumplida de una paz definitiva y duradera. Amnistiamos al M-19, le dimos constituyente y entrada a la política nacional. Este engendro de las Farc, de los Santos y de otros integrantes de la clase política nacional, logró amnistía y una constituyente bajo las amenazas, las balas, las bombas y la presión del dinero de sus amigos narco-traficantes -"Los Extraditables"-. Y es así, como logran insertarse en la política colombiana para demostrar que no son diferentes de aquellos contra decían luchar pero sí, peores.

Este proceso de conversaciones que se adelanta con la mafia narco-terrorista de las Farc, no es más otro proceso coyuntural para integrar algunos cabecillas inescrupulosos a la política, indultarlos y lavar sus atrocidades. Esta vez no será diferente, mientras el estado y la clase dirigente no evolucionen, se pongan a tono con el mundo y aprendan que la política es servicio, bien común y que la paz nace de la aplicación correcta y justa de la justicia, seguiremos en violencia, indultando criminales secularmente y reciclando maldad.

Marco Jurídico Para La Paz

El más reciente intento para reciclar maldad es, el muy de moda, "Marco Jurídico Para La Paz" que más parece una mamadera de gallo jurídica que otra cosa. Dicho marco abre las puertas para elegir a dedo delitos y delincuentes para que sean juzgados bajo parámetros que aún no están diseñados pero que se diseñarán luego. Esa nebulosa jurídica es como firmar un cheque en blanco para que sea girado por cualquier valor para pagar cualquier cosa pero bajo la advertencia que probablemente no sea lo que uno cree que vaya a ser, ¿Entendieron?. Yo tampoco, y esa es la idea. Que sea tan vago que pueda ser aplicado a conveniencia y según las circunstancias, pero que sea aparentemente legal, un sofisma.

El conflicto más grave de este marco, aparte de lo anterior, es que al momento de reglamentarlo y aplicarlo termine contraviniendo tratados y convenios internacionales para dejar a Colombia como un país inviable jurídicamente ante los ojos del mundo. La justicia transicional no es una nueva rama del derecho como algunos ineptos del gobierno y criminales de las Farc creen y nos quieren hacer creer, ni está para reemplazar a la justicia ordinaria. La justicia transicional solo le brinda elementos nuevos y temporales a la justicia para facilitar algunos aspectos en materia de resolución de conflictos armados. Por otro lado, normas de justicia transicional jamás y bajo ninguna circunstancia podrán ir en contravía de tratados y convenios internacionales adquiridos por las naciones participantes en estos; pues un escenario como ese, legitima a las cortes internacionales para investigar y castigar lo que no se investigó y castigó durante el proceso de transición.

Los más inteligentes de nuestro congreso junto con el ejecutivo se han creído muy astutos creando terminología nueva bajo la falsa creencia de ponerle conejo a las normas de tratados internacionales sobre DIH y demás. Les tengo malas noticias, el espíritu y las normas internacionales contra el terrorismo, crímenes de guerra y de lesa humanidad son claros, contundentes y poco tolerantes con la impunidad. 

Hoy la comunidad internacional es más estricta hacia los terroristas de lo que era hace 10 o 15 años y será más estricta aún en el futuro. 

Si los criminales advierten este hecho y tienen la férrea convicción que la violencia ya no va más, pues que se entreguen bajo reglas claras y aceptando la realidad jurídica, política, legal y social del mundo de hoy. Mundo donde se condena enérgicamente el terror como arma política e impone penas graves a quienes usan esas prácticas.
Hoy, los autores de crímenes atroces, ferocidad o barbarie tienen muy pocas opciones, por no decir ninguna, de escapar vivos a sentencias por dichos actos. Por lo tanto, un sometimiento a la justicia, con penas acordes a la colaboración con esta, es una opción nada despreciable ante la posibilidad de ser abatido por la superioridad militar del estado colombiano.

Victoria Militar

Una de las premisas más usadas por las Farc y sus aúlicos es que las "Las Farc no están vencidas". A esos sofistas trasnochados les tengo una muy mala noticia: "Las Farc sí están vencidas". Las Farc pasaron de tener más de 50.000 hombres después del gobierno de Andrés Pastrana Arango a menos de 5.000 al final del último periodo de Alvaro Uribe Vélez. Sus dirigentes, de morir de viejos a tener un paso efímero por sus puestos de poder al caer ya sea presos, o muertos en combate bajo la fuerza legítima del estado. Los narco-terroristas, después de controlar gran parte del territorio nacional, fueron replegados y obligados a refugiarse en Venezuela y otros países para no sucumbir ante la ofensiva de la seguridad democrática. Hoy en Colombia nadie los quiere, ni mucho menos los apoya; solo se mantienen gracias a su accionar delictivo, narcotráfico, minería ilegal, secuestro extorsivo, extorsión, tráfico de armas, etc... Las Farc están políticamente acabadas, nadie les cree, solo les temen o reciben sobornos de ellos. Por lo tanto, la victoria militar sí es posible.

La victoria militar sobre las Farc y de paso sobre el crimen organizado, pues esto sentaría un precedente para todo aquel que decida seguir el ejemplo de estos facinerosos, no solo es posible sino que pudimos palpar con nuestra propia experiencia que está más cerca que nunca.

Por supuesto que un mal arreglo siempre es mas favorable que un buen pleito, pero si las Farc no entran en razón, se ubican en el tiempo y las realidades jurídicas, políticas, legales y sociales de hoy; no dejan otro camino que el de su sometimiento por la vía armada.

Si las Farc no son capaces de ver las ventajas de entregarse a la justicia y pagar por sus crímenes para conservar su vida y recibir los beneficios que el estado y la sociedad pudiesen darle; entonces debe ser política de estado perseguirlos sin cuartel y otorgar garantías jurídicas, militares y legales a nuestras fuerzas armadas. Para que bajo un estatuto antiterrorista, contemplado como parte de una política integral contra el crimen organizado, sea la base para que nuestros militares, ahí sí, puedan cumplir con su trabajo a cabalidad.


*Centralistas vs. Federalistas, Guerra de los Supremos, Guerra Civil de 1851, Gólgotas vs, Draconianos, Guerra Civil de 1860, Guerra Civil de 1876, Guerra Civil de 1884, Guerra Civil de 1895, la de los Mil Días, la violencia que comienza en 1930 y podríamos decir que se extiende hasta mediados de siglo para empalmar con la violencia liberal-conservadora, la Castro-Comunista de los 60's y 70's y la narco terrorista que vivimos desde los 80's hasta hoy.

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